jueves, 27 de septiembre de 2007

El Milagro del agua




En todas las culturas ha sido prioritaria la posibilidad de disponer de agua. El emplazamiento de Segovia es idóneo militarmente, por la defensa natural que supone la roca sobre la que se yergue la ciudad sobre los ríos Eresma Y Clamores, pero había que subir el agua hasta tal altura, y ésta fue la razón de la construcción del genial ingenio que es hoy en día signo de identidad de la ciudad: El Acueducto.

Construido aproximadamente en la primera mitad del siglo I d.C., en los tiempos del sabio emperador Claudio. Su nombre viene del latín aqua que es agua, y ducere que significa conducir. Su ligera inclinación permitía que la fuerza de la gravedad se ocupara de traer el agua desde el lejano río Frío, a casi 15 kms., hasta el lugar que ocupa actualmente el alcázar. Su trazado ofrece su aspecto más grandioso en la plaza del Azoguejo, donde llega a alcanzar 28,10 m. de altura.

La estructura visible se compone de 120 pilares y 166 arcos, y fue construida "en seco", es decir, entre los sillares no existe cemento alguno sino argamasa, que actúa como almohadilla para amortiguar los movimientos que pudieran producirse, de suerte muy escasos, dada la casi nula actividad sísmica de la zona.

En la zona superior, se encuentra el canalón por donde llegaban a transcurrir hasta 50 l/sg. Para evitar que se obstruyese existen dos desarenadores, antiguas piscinae limariae, éstos son depósitos cubiertos con canales de entrada y salida no alineados, de manera que el agua perdiese fuerza y se limpiara de arenae impurezas.

Ante la contemplación de tan magna obra, uno no puede dejar de pensar en cómo pudo ejecutarse semejante construcción. Sobre las piedras han quedado marcas clarificadoras sobre las técnicas constructivas usadas, algunas de estas huellas fueron causadas por las cuñas empleadas en la extracción de las piedras de la cantera y otras, se deben al izado de las mismas, éstas últimas son pequeños orificios donde se enganchaban las grandes pinzas o ferrei forficeps, que se encajaban debido al propio peso de la piedra. Es curioso que la primera referencia escrita del acueducto sea del año 1201, aunque desde entonces han sido muchos los escritores y pintores que han dejado testimonio de esta obra.

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