viernes, 17 de septiembre de 2010

Setas en Segovia


Segovia alberga paisajes que van desde la alta montaña, pinares, hayedos, rebollares, encinares, bosques de rivera y pastizales, entre otros, cada uno alberga una diversa y fascinante diversidad de hongos, que en otoño se convierten en reclamo de muchos aficionados a la micología, aunque realmente están presentes todo el año.

Las tierras de pinares albergan una de las especies más buscadas, el níscalo (Lactarius deliciosus). De color anaranjado con círculos concéntricos rojos, es fácilmente reconocible, de difícil confusión con especies tóxicas. Su nombre procede del latín, lactis de leche, por el líquido espeso que contiene, y deliciosus por ser delicioso su sabor. Su relación con los pinos es de mutua conveniencia, ya que los niscalos se cobijan entre sus raíces y se alimenta de sustancias que estos segregan, mientras que los pinos incrementan la actividad de sus raíces gracias a esta relación hormonal

Los boletos son muy apreciados en la cocina, estando presentes en recetas de alta cocina. Las variedades que se encuentran en los rebollares segovianos son el boleto rojo (Boletus Erythropus), el cetrino (Boletus Luridus), en los encinares el boletus negro (Boletus Aereus) y el más conocido, el Boletus Edulis que está presente en los pinares silvestres. Todos estos comestibles, aunque en boleto cetrino exige una buena cocción, eliminando el primer agua, ya que crudo es tóxico. Los boletos se cocinan frescos, aunque también conservan bien su calidad deshidratados, y se emplean igualmente para aromatizar aceites.

Las praderas y pastizales son el hábitat natural de varias especies de hongos, quizá menos conocidas que las anteriores, pero por ello con una tractivo extra: el descubrir nuevos sabores. El perrochico o seta de san Jorge (Calocybe Ganbosa), de sabor refinado, merece ser cocinada sólo con aceite o mantequilla. La seta de pie azul (Lepista Nuda), con un suave olor afrutado, es fácilmente reconocible por su pie azulado. Con los parasoles (Macrolepiota Procera), se rellena la cesta con unos pocos ejemplares dado su gran tamaño además de ser un excelente comestible.

Bajo tierra, en los encinares, se escondes las trufas negras (tuber melanosporum) y la trufa de verano (tuber aestibum). Estos son hongos hipogeos, es decir que desarrollan las setas bajo tierra. La trufa negra, de precio muy elevado, se emplea para aromatizar aceites, vinagres o acompañar recetas de carne o pescado, generalmente fileteadas. Estos hongos son imposibles de recoger si no es mediante un perro adiestrado que, merced a su olfato, nos indique el lugar exacto en donde crecen. Anteriormente se utilizaron cerdos que, provistos de un instinto especial, las localizan fácilmente pero que por su dificultad de transporte y manejo se desaconsejan. Algunos recolectores más expertos las pueden localizar gracias a la mosca de la trufa (Suilla gigantea), que durante los días soleados de invierno se encuentran situadas sobre el suelo marcando exactamente el punto donde se encuentran las trufas.


Colmenillas – bosques de ribera
Trompeta de los muertos – hayedos
Amanita muscarias (matamoscas) – pinares sivestres
Cuidado con la phaloides

Fotografía: Jason Hollinger bajo licencia de Creative Commons

jueves, 16 de septiembre de 2010

Esculturas urbanas en Segovia


La escultura urbana en Segovia está protagonizada por obras que representan a ilustres personajes vinculados a la ciudad, a los que se ha querido rendir homenaje de esta manera, aunque también podemos encontrar diversas imágenes de tipo religioso. Una de las esculturas más emblemáticas de la ciudad es la loba capitolina que se ubica frente al acueducto, una copia de la escultura Luperca que se conserva en el Museo Capitolino, y fue un obsequio que Roma entregó a la ciudad en 1974 durante los actos de celebración del bimilenario del acueducto.

En la plaza de la Merced podía contemplarse hasta hace unas décadas un monumento dedicado al pintor Daniel Zuloaga instalado en 1924, ahora ubicado en la plaza de Colmenares. En la actualidad encontramos en el centro de la plaza de la Merced y mirando hacia la iglesia de San Andrés un busto del poeta Rubén Darío, obra del escultor Santiago de Santiago que fue donado por la República de Nicaragua a la ciudad en 1973. Relacionado con las letras es también el busto que se encuentra en el Paseo del Salón, homenaje al poeta José Rodao que fue instalado primeramente en 1927 en la plaza de los Huertos, y trasladado a su actual emplazamiento en 1960; es obra del escultor segoviano Aniceto Marinas. No podía faltar en este grupo literario un homenaje a Antonio Machado, poeta que hizo de Segovia su refugio desde 1919 hasta 1932; la escultura como no podía ser de otra forma está ubicada en el jardín de su casa museo, y fue realizada por Emiliano Barral.

Personajes religiosos como Domingo de Soto, Pío XII, San Antonio María Claret o San Juan de la Cruz tienen su espacio dentro de la escultura urbana de la ciudad, la primera obra de Ortega y el resto de José María García Moro, escultor próspero en Segovia a quien también se debe el monumento a la Juventud ubicado en la plaza del conde de Cheste. También otros maestros que homenajearon con su obra a algunos paisanos han sido a la vez reconocidos en alguna calle o plaza de la ciudad, como es el caso de Aniceto Marinas, a quien dedicó un monumento en 1943 su amigo y compañero Mariano Benlliure.

En el campo de las armas encontramos el monumento a Daoíz y Velarde, obra de Aniceto Marinas. Del mismo autor es la escultura al comunero Juan Bravo, realizada en 1921 y ubicada en pleno centro de la ciudad, en la plaza de las Sirenas, nombre que recibe de dos estatuas que rematan la escalinata y que representan a estos seres mitológicos, realizadas por Francisco Bellver en 1852. Otras esculturas en la ciudad son las dedicadas al médico Andrés Laguna por el segoviano Florentino Trapero y ubicada en plaza de los Huertos, el busto de Lope de la Calle Martín, presidente de la Diputación provincial que realizó Emiliano Barral y que puede contemplarse en la plaza de San Facundo o el monumento “El Favorito”, obra de Toribio García de Andrés a principios del siglo XX.

Además de esta serie de monumentos y esculturas, se esconden enl algunos rincones de la ciudad otras imágenes de carácter religioso que también merecen mención. La más significativa de ellas es la Virgen del Acueducto, ubicada en la hornacina central que el monumento presenta desde la plaza del Azoguejo y que ya se encontraba en ella en el siglo XVI, como recuerda Colmenares en su historia de Segovia. Al elenco de vírgenes pertenecen también la de la Fuencisla en la calle Velarde, de los Remedios en la puerta de San Juan, del Socorro en la puerta de San Andrés o la del Carmen en la calle de su nombre, entre otras.

(Procedencia de autores varios de la Wikipedia)